"Gracias a Papá Germán Orlando por contagiarnos la enfermedad
de viajar ..."
DETALLE Y CARACTERISTICAS DEL VIAJE:
Distacia Total Recorrida: 2550km. (ver
mapa)
Distancia "tierra-ripio-piedra" Recorrida:
953km.
Duración Total: 15 días.
Rendimiento "máximo" combustible:
17 kilometros/1litro. (ruta asfaltada).
Rendimiento "minimo" combustible: 3 kilometros/1litro.
(camino de "tierra-ripio-tierra"+"factor puna").
Alturas Máximas Sobre el Nivel del Mar:
1- 4982 metros - Ruta Nac.40, Abra de Acay (según GPS).
2- 4472 metros - Apacheta camino a Salar del Hombre Muerto. (según
GPS).
Elementos
y Accesorios Relevantes:
* GPS Garmín III Plus - 12v. (Navegador Satelital)
* Equipo de radiocomunicación - banda ciudadana.
* 70 litros de combustible (1 bidón de 30lts., 2 bidones de
20lts.c/u).
* 20 litros de agua potable.
* 3 ruedas de auxilios.
* Repuestos diversos.
Provincias y Localidades (importantes) Visitadas:
* LA RIOJA, Aimogasta.
* CATAMARCA, Belén, Laguna Blanca, El Peñón,
Antofagasta de la Sierra, La Aguadita (Escuela n° 167), Salar
del Hombre Muerto.
* SALTA, Pocitos, San Antonio de los Cobres, Abra de Acay, Campo Quijano,
La Viña, Cafayate.
* TUCUMAN, Amaicha del Valle, Tafí del Valle.
* SANTIAGO DEL ESTERO, Termas de Río Hondo.
Agradecimientos:
PerroViejo, Nacho y Pao,
Desafío
4x4:
por sus consejos y recomendaciones para el viaje.
Sandro Franchi, American
Outland ©:
por sus clases express de GPS a distancia..
Augusto Domandl, (provincia de Jujuy):
por su importante data sobre el NOA.
ver mapa
DIARIO
DE VIAJE:
Debido a las circunstancias
en las que nos encontramos en este viaje, el diario
fue difícil de llevar día a día. Si bien voy
a tratar de respetar la cronología, esto vendría a ser
una especie de resumen basado más que todo en sensaciones que,
creo yo, es lo mas importante cuando se emprenden este tipo de cosas.
Herman y yo quedamos de acuerdo en que lo mas importante fueron las
relaciones humanas y los paisajes. Llegamos a la conclusión
de que sin las primeras perderíamos una gran parte de las emociones.
Con respecto a lo segundo, nada tenemos que envidiarle a otros países
y este viaje superó al del 2002 “desde Córdoba
a Machu-Picchu”.
En estos cerca de 2600 km. que recorreremos, pudimos apreciar gran
número de paisajes y climas diversos.
Pasamos del asombro al miedo y la angustia de sentirnos tan pequeños
en las grandes soledades, hasta la inmensa alegría de poder
conocer ciertos lugares y mucha gente.
Nuestra visión del mundo ha cambiado, conocimos culturas y
realidades diversas. Nos llenamos el alma a través de los ojos,
largas charlas han enriquecido nuestro espíritu.
Somos pequeños en el mundo pero hemos crecido.
He aquí nuestro viaje:
Dia 1: 27 de Enero
Los preparativos del viaje se hacen mas largos de lo que
esperábamos por lo que en vez de salir a las 5.00 hs, salimos
a 10.00 hs. de la mañana, pero con muchas ganas de viajar.
Mucho calor, soportable dentro del auto, imagino que tendremos calores
peores(foto: 001).
Pinchamos gomas tres veces, ya estábamos medio preocupados
pero el gomero nos dijo que por el calor se despegaban los parches.
"Y qué calor!" Insoportable. Llegamos a tener más
de 45ºC. Pero vimos de todo, paisajes muy lindos (foto: 002,
003, 004, 005, 006)
Si bien queríamos llegar a Belén, nos resulto imposible
así que hicimos noche en Aimogasta. Pueblo raro (ciudad ???)
Muy extraño.
Nos bañamos, cenamos pizza y a dormir, al día siguiente
tendríamos un largo camino.
Dia
2: 28 de Enero
Nos despertamos a las 9.00 para abandonar el hotel. Preparamos las
cosas y partimos a las 10.48 hs. Está nublado, cosa buena para
el viaje, saliendo de Aimogasta llovía (foto:007).
Como de costumbre, recién empezamos y ya estamos deseosos de
llegar a destino. En Belén, el último pueblo hasta donde
llegaba el asfalto, y donde podíamos cargar combustible, llenamos
el tanque (citroneta) y dos bidones en total 80 litros, teníamos
miedo de lo que venía, de acá en adelante camino de
tierra-ripio-piedra ... y solos!!!. Saliendo de Belén, alrededor
de las 13:45 hs. paramos en Gendarmería, para avisar que íbamos
tomar la RUTA 43 y avisaran a Gendarmería de Antofagasta de
la Sierra, por si acaso nos demoráramos más de la cuenta.
En ese momento conocimos el famoso Antofagasteño, colectivo
que realiza este recorrido de un poco más de 200km. en unas
12 horas, con suerte hablamos con el chofer, para decirle que nosotros
íbamos a hacer el mismo camino, por si acaso nosotros tuviéramos
algún inconveniente, lógicamente con mucha cara de sorprendido,
al igual que el resto de los pasajeros (incluido algunos turistas)
y los gendarmes, los saludamos y partimos hacia nuestro próximo
punto ... de repente el tablero nos indica en su cuentakilómetros
99999 ... acto seguido 00000, acabamos de tener nuestro 0Km !!! (foto:
008, 009, 010,
011).
Paramos poco, sólo lo necesario. Pero, a veces es inevitable
parar. Aproximadamente a las 18.00 hs. nos encontramos con un obstáculo.
Debido a las lluvias había un charco que ocupaba todo el camino.
Paramos, miramos, lo charlamos y acometimos contra el charco. Una
rueda sobre el borde del camino la otra por el agua. Y ahí
se quedó. Empujar para sacarlo.
Mirar, opinar y vuelta a empezar, esta vez por el costado que era
una pequeña loma de arena que nos recordaba al verano del 2003
en Pinamar. Obviamente no fue tan fácil y pasamos dos horas
empujando, acelerando, marcha atrás, cavar, poner piedras,
volver a empujar y así, avanzando cada medio metro logramos
sacarlo. 20.10 hs. ya victoriosos y contentos de haberlo logrado,
proseguimos con nuestro viaje, esta vez más apurados porque
pronto se haría de noche. (foto: 030,
031, 032, 033, 034)
Andábamos por un lugar que era una especie de valle, muuuuuuuuy
grande, donde había trazados miles y miles de caminos y nosotros
sin saber por donde ir. Seguimos con un poco de miedo. Era tal la
inmensidad. Luego nos daríamos cuenta de que todos los caminos
conducían al mismo lugar (foto: 035).
Ya decididos a llegar a Laguna Blanca y hacer noche allí, seguimos
viajando sin ningún inconveniente, nuestro GPS indicaba el
empalme a Laguna Blanca, tan solo unos kilómetros más
adelante.
Mientras anochecía encontramos el tan esperado empalme a Laguna
Blanca y más tranquilos nos metimos por ahí. Pero por
un error de cálculos en el waypoint precargado en el GPS lo
cual nos indicaba algo distinto a la realidad, la intranquilidad llegó,
porque no se veía nada para ningún lado y teóricamente
estábamos en el pueblo, nuevamente nos encontramos con desvíos
y empalmes inesperados y ya no estábamos tan seguros de la
ruta tomada.
Finalmente llegamos a una casita ubicada justo en un cruce de caminos,
nadie nos atendía, luego de golpear las manos varias veces
nos decidimos por uno de los caminos, y más adelante encontramos
un grupo de casitas donde se veía tan solo una luz. Era un
kiosco, el único lugar que nos atendieron pensando que en realidad
éramos el colectivo, por los faros arriba del techo y el ruido
del caño de escape, -"En realidad estamos esperando el
Antofagasteño", nos dijo la persona que nos atendió,
allí nos dejaron entrar el auto y pasar la noche ahí.
(foto: 036,
037).
A las 21.50 hs. con un poco de miedo a ese lugar desconocido nos dispusimos
a cenar (galletitas con picadillo) y a dormir en el auto y alrededor
de las 23hs. llegó el Antofagasteño, muy atrasado, a
esa hora debería estar llegando a Antofagasta de la Sierra,
todavía le restaba la mitad del camino. La gente del kiosco
solo vio pasar el colectivo, si, solo lo vio pasar... cerró
sus ventanas, apagaron la luz y se fueron a dormir ...
Día 3: 29 de Enero
Recién hoy nos dimos cuenta de lo que era verdaderamente Laguna
Blanca. Luego de un sueño muy interrumpido (el efecto se hizo
notar la primer noche en altura) y con bastante frío preparamos
las cosas para partir, pero debido a la puna y la baja temperatura,
costó que arrancara el auto. Una hora estuvimos soplando al
carburador para echarle aire y dando arranque!!!
Paseamos por el pueblo, que resultó estar del otro lado de
una vega (algo así como un río sin agua, pero con mucha
humedad y casi transitable en partes) (foto:038,
039) y terminamos en la escuelita, hablando con el maestro de
apellido Forca.
El pueblo es muy chiquito, muy pocas casitas de adobe, pircas de piedra
o ladrillos de adobe, animales, la iglesia y la escuela (foto: 040,
041, 042).
Hablando un poco con este maestro, quien nos hizo entrar a su clase
a conocer a sus alumnos (que eran 6), nos contó cosas del pueblo,
nos enteramos que Laguna Blanca es un área que protege a la
vicuña y al suri.
De ahí subimos a un pequeño cerro desde donde se ve
el pueblo entero y la laguna al otro lado, sacamos fotos. Hablamos
un rato con los chicos (foto: 044)
a quienes les sacamos fotos también y luego nos fuimos a la
laguna, donde había cinco flamencos que pudimos verlos desde
lejos. (foto: 045,
046, 047).
De ahí empezamos nuevamente el viaje con destino Antofagasta
de la Sierra.
El viaje fue muy hermoso, seguimos sorprendiéndonos con los
paisajes que esta vez parecía que no tenían relieves,
simplemente era un plano con diferentes colores (y qué colores)
y como si tuviera una veladura encima. Ahí nos dimos cuenta
de la inmensidad y llegamos a la conclusión de que con sólo
los paisajes el viaje estaba pagado (foto: 051,
052, 053, 054, 055, 056, 057, 058, 059).
Cosas increíbles que nunca habíamos visto antes. Maravilloso.
A mitad de camino paramos a recargar combustible (foto: 060,
061, 062).
El trayecto final hacia Antofagasta es mágico. Parece que no
se llega nunca, es extraño como uno pierde el sentido de la
distancia (foto: 063,
064) A mitad de camino un simpático pueblo llamado "El
Peñón” nos anticipó que nos restaba poco
(foto: 065).
El camino va recto en un terreno bien llano, lleno de piedras y restos
volcánicos, y a lo lejos, desparramados por todas partes, volcanes,
rodeados de una atmósfera muy caliente. Ibamos avanzando muy
despacito, a 10 km/h debido a la ruta accidentada, mucha calamina
o más conocido como "camino con serrucho" (foto:
066 hasta 076),
un poco por la misma y un poco por fuera a campo traviesa, llegamos
a "Los Negros", un terreno lleno de lava volcánica,
ahí bajamos y caminamos un rato entre las piedras que hacen
un ruido metálico como a campanas (foto: 077)
y de ahí seguimos hasta el pueblo pasando al pie del volcán
"Antofagasta" (foto: 078),
al lado de la laguna "La Alumbrera" (foto: 079),
hasta que vimos el famoso torreón por lo que sabíamos
que faltaba poco (foto: 080,
081, 082).
Cuando llegamos fuimos directamente a lo de Pascuala, ya que nos habían
hablado muy bien de ella pero no tenía habitaciones para hospedarnos,
así que fuimos a la casa de Cirila, su hermana, donde nos acomodamos
rápidamente, una casa de familia donde nos hacían sentir
como parte de esta.
Finalmente nos fuimos a cenar a lo de Pascuala donde a partir de ahí
iríamos todos los días, y en donde conocimos gente excelente.
Pascuala, que nos atendió y nos dio de comer muy bien. Mario
(sobrino de Pascuala), y sus dos hijos Victoria y Ernesto. También
conocimos a Chaile (maestro de tecnología), Leo Sosa (maestro
de inglés), la Directora. René, dueño del Antofagasteño
y de la estación de servicio. Hospedados en la casa de Pascuala
estaban Santiago y sus dos hijos, Matías y Leandro de Bs. As
y Ariel, de Catamarca. Ahí armamos grupo rápidamente,
y junto a ellos compartimos nuestras comidas, charlas y experiencias
mediante.
Antofagasta es un pueblo muy hermoso donde el sol está presente
durante todo el día, pero no se siente por la fresca brisa
que sopla. Enmarcada por los volcanes, es un lugar para disfrutar
a pleno. Un cielo gigante con hermosas nubes, gente muy amable y amistosa
y muchas cosas para ver por los alrededores, cosas que hicieron que
nuestros planes cambiaran ya que pensábamos quedarnos solamente
2 días y nos quedamos 6.
Varias cosas nos llamaron la atención de este hermoso pueblo.
La tranquilidad que ahí se respira. La gente que te hace sentir
como en casa. La seguridad que hay, donde nadie te roba nada ni te
hace sentir intimidado. El Antofagasteño, que llega tocando
bocina y toda la gente sale corriendo a recibirlo ya que la función
social que cumple el colectivo es muy importante. Es el medio que
comunica al pueblo con el resto de Catamarca, lleva y trae el correo
y también mensajes verbales.
Otra cosa asombrosa fue cuando tuvimos el privilegio de ver la llegada
del equipo ganador de un campeonato de fútbol zonal con su
trofeo, que era nada más ni nada menos, que un toro !!! (vivo).
Lo trajeron desde Laguna Blanca (unos 90km.), al día siguiente
lo carnearon todos juntos, no sin antes hacer un ritual para la Pachamama
en un hueco en la tierra donde echaron sangre del toro, tabaco, coca,
flores y otras cositas (foto: 117,
118). Muy emocionante.
De las cosas que había para ver tratamos de disfrutar de todo,
aunque quedaron algunas cosas afuera ya que por falta de tiempo no
pudimos hacerlas.
El primer día subimos a La Peña desde donde se puede
disfrutar de una completa vista de la Villa. Por la tarde fuimos al
"Museo del Hombre", donde en un breve recorrido pudimos
ver gran parte de la historia de Antofagasta y varios restos arqueológicos
como vasijas, puntas de flecha, utensilios indígenas. Pero
lo más asombroso es una momia de un bebé muy bien conservada
con todo su ajuar.
A partir de ahí nos dedicamos a recorrer los alrededores, donde
nos sorprendíamos cada vez más. Acompañados por
Ariel y Leandro fuimos al Coypar (foto: 087).
Se trata de un pucará que queda en un cerro, muy cerquita de
la Villa, y que a sus pies se encuentra un cementerio indio. Ahí
nos quedamos hasta que salió la luna que, como bien observó
Leandro, proyectaba nuestras sombras como si fuera de día.
Y ahí seguimos un rato más en el medio de la nada y
observando a lo lejos una fantástica tormenta eléctrica.
Visitamos la Peña Colorada, esta vez acompañados de
Ariel, Leandro y Santiago (Matías no podía venir porque
se sentía mal). Peña Colorada es un conjunto de tres
peñas con petroglifos alrededor, morteros, y muy cerquita de
ahí una pequeña quebrada donde hay un río y esta
todo muy verde. Arriba de una de las peñas se encuentran construcciones
de piedra, antiguas moradas de los indígenas (foto: 091
hasta 115).
Por la tarde, e invitados por la Asociación de Jubilados y
Pensionados “Fray Mamerto Esquiú” de Catamarca
fuimos en colectivo hasta Laguna Colorada, que en este momento está
seca y parece un pequeño salar, donde antes había una
mina y cerca de allí algunos petroglifos.
A la tarde, fuimos al Coypar de nuevo con Ariel, Leandro y esta vez
nos acompañaría Christian, quien trabaja para la Mutual
como encargado de prensa. Esta vez llegamos hasta arriba del pucará
pero el viento no nos dejaba en paz, así que buscando un lugar
donde poder protegernos terminamos nuevamente acompañados por
la luna, pero esta vez con mate y dentro de una habitación
bastante protegida por las piedras. Estos momentos fueron lindos porque
nos sirvieron para conocernos cada vez más.
La ascención al volcán Antofagasta que parecía
tan dura, resultó no serlo tanto y llegamos a la cima ayudados
con palos de escoba a modo de bastón. Qué lindo!!! Unos
paisajes bellísimos, y la victoria conseguida de estar allí
arriba. A la vuelta volvimos cantando a viva voz entre la piedra volcánica,
para llegar justo al auto cuando bajaba el sol (foto: 121
hasta 133).
El lunes 2 de Febrero tuvimos que despedirnos de nuestros nuevo amigos,
quienes ya se volvían. Pero todavía quedaban cosas por
hacer y nuevamente con la gente de la Mutual fuimos en una excursión
por Paycuqui y el Trapiche (foto: 135,
136, 137). Todavía nos quedaba Christian para hacernos
compañía y con quien nos haríamos muy buenos
amigos en tan corto tiempo.
Por la noche asistimos a la cena de despedida de la Mutual en el comedor
de Analía, donde escuchamos a un chico que cantó una
copla y después una coplera que nos hizo reir mucho. Finalmente
toco una banda lugareña, quienes empezaron con cumbia y terminaron
con folkclore, así que terminamos todos bailando, fue muy divertido.
Con decir que cuando se cortó la luz (los días de semana
se corta la luz a las 2 de la mañana y los fines de semana
a las 4) seguimos con la fiesta a la luz de las velas acompañados
de gente del lugar (foto: 145,
146, 147).
Ahora ya sí nos quedamos solos, así que el anteúltimo
día fuimos a recorrer "La Alumbrera", cosa que nos
dejo maravillados. Al pié del volcán y construida con
piedras producto de la lava volcánica se encuentra un antiguo
asentamiento indígena, donde se encuentran tumbas, pasillos,
habitaciones, cuevas y miradores. Terminamos bastante cansados ya
que las ruinas son muy grandes y hacia muchísimo calor, rodeados
de esa piedra negra que se calienta como si fuera metal. Finalmente
nos fuimos por el costado de la laguna donde no tuvimos la suerte
de ver a los flamencos pero que nos dejo asombrados igual (foto: 148,
149, 150, 151, 152, 153) De ahí, y para relajarnos fuimos
al río donde nos refrescamos un poco y luego a descansar ya
que al otro día nos iríamos temprano (foto: 154,
155).
Pero, no era tan fácil irse. Jajajajaja, nos costó bastante
y entre despedidas, cargar las cosas y hacer que nuestros amigos Antofagasteños
nos firmen el auto, terminamos saliendo a las 3 de la tarde. Pero
valió la pena, quedamos profundamente enamorados de Antofagasta
y de su gente y con muchas ganas de volver (foto: 161,
162).
De todas formas
había que seguir viaje, teníamos varios destinos todavía,
en el camino pasamos por el punto más alto sobre el nivel del
mar de esa ruta en donde se levantaba una apacheta con piedras y botellas,
allí dejamos una botella con nuestros nombres para seguir con
la costumbre de los viajeros de agradecer a la naturaleza por tan
bellos paisajes (foto: 169,
170, 171, 172, 173, 74, 175). A la lista de destinos se agregó
la visita a la escuelita n°167 "La Aguadita" del Salar
del Hombre Muerto, donde luego de algunas horas de viaje entre tanta
inmensidad y soledad, ante nuestros ojos una construcción rectangular
con una bandera Argentina flameando y como fondo, casi como un fotomontaje,
el Salar del Hombre Muerto. Era algo de no creer, esa imagen generaba
confusión en los sentimientos, nos inundaba una mezcla de felicidad
con angustia. En un costado estaba un niñito que al vernos
entró corriendo, luego volvió a salir (después
nos enteramos que se llamaba Cristian) y cuando llegamos a la puerta
de la escuela, Juan Carlos (el maestro), Armando, su familia, y la
gente del lugar nos recibieron muy calurosamente. Uno se sentía
todo el tiempo como si los conociéramos desde siempre. En un
segundo nos tuvieron con una taza de mate cocido y pan casero adelante
y todo listo para que durmiéramos en el aula, con colchones
y frazadas.
Y en un lugar tan lejano y desolado, donde se ve la inmensidad del
salar, en una escuelita tan chiquita, los corazones son tan grandes
y tampoco dan ganas de irse. Asi que nos quedamos un día más,
acompañados de Juan Carlos, Armando, Juanita y su beba, Daniela,
Benita, Romina, Elvio, Mayco, Cristian y Belén.
Asistimos al izamiento de la bandera con los chicos de la escuela,
que son cuatro, y como había asueto (el obispo de Catamarca
visitaba ese mismo día Antofagasta de la Sierra) nos llevaron
a conocer primero las ruinas indígenas que hay a unos metros
de la escuela. Y luego a la mina Inca-Huasi, primero explotada por
los indígenas en 1700, donde todavía se puede ver donde
vivían, la iglesia y las casas, y después a la mina
de 1938, desde donde se ve el salar y que solo quedan las ruinas de
lo que sería en su momento: una gran mina de oro en la cual
cavaron tan profundo que encontraron una napa de agua y los pasillos
terminaron bajo las aguas (foto: 182
hasta 190).
Por la tarde ya nos tenían programado otro pequeño tour,
pero increíblemente empezó a llover (quizás la
única lluvia del año) así que nos quedamos tomando
mate y contemplando el paisaje mojado.
Al otro día si llegó el momento de irse. Armando y Juan
Carlos nos acompañaron un tramo del camino por si teníamos
problemas debido a las lluvias, pero nuestro auto se porto muy bien
(foto: 193
hasta 194). Ahí nos terminamos de despedir y seguimos viaje
por otro paisaje que nos dejaría la boca abierta.
Que salar mas grande!!! Enormeeeee. Daba miedo estar ahí. Avanzamos
lentamente, primero por una huella y después por un camino
muy bien mantenido, ya que en el salar esta la mina FMC Lithium, y
es transitada por camiones. El paisaje era desolador, no había
más que sal a nuestro alrededor. En algunas partes blanca,
en otras de un color marrón. Pero lo disfrutamos, ya que nunca
antes habíamos visto cosa semejante, y entre parar y sacar
fotos, sacar pedazos de sal para traer de recuerdo, tardamos un rato
en terminar de cruzarlo (foto: 195
hasta 206), para darnos cuenta que detrás de todo eso nos
esperaba un paisaje totalmente diferente, con yuyos amarillos que
le daban aire de pradera. Estábamos entrando a Salta (foto:
207), paramos
a recargar combustible y para nuestro asombro pasaron dos camiones,
uno que venia y otro que iba, los dos sin dudar casi que pararon pensando
que nos había pasado algo ... con el pulgar arriba le indicamos
que todo estaba bien (foto: 208,
209). Próximo destino: San Antonio de los Cobres.
San Antonio es un pueblo muy pintoresco, entramos por debajo de un
puente que enmarcaba el camino hasta llegar al centro, donde comenzamos
a buscar alojamiento. Como dato curioso, nos enteramos que la población
es de 5000 habitantes de los cuales 2800 son niños.
Ahí conocimos a un grupo de mochileros de Bs.As. con quienes
nos instalamos en una unidad básica que nos prestaba la Municipalidad
de San Antonio de los Cobres. Pudimos guardar el auto y todo !!!
Cenamos todos juntos, brindamos, charlamos hasta tarde y finalmente
nos dispusimos a dormir en nuestras bolsas de dormir en el piso. Particularmente
para mí, no fue una noche muy grata, me fue bastante difícil
dormir, pero la comodidad era bastante.
A la mañana siguiente, cuando ellos ya se habían ido,
y quisimos cargar las cosas, nos dimos cuenta de que el portón
de la entrada de autos estaba cerrado con candado y nosotros sin poder
salir !!! Encima sábado y la Municipalidad que abría
a las 10 de la mañana. Eran casi las 8hs. y terminamos yendo
a la casa del intendente para pedir la llave, pero el señor
se levantaba a las 8.30hs. así que había que esperarlo.
Finalmente llegó nuestra salvación, encontramos a Cirilo,
las persona que tenía la llave del candado y pudimos salir
rumbo al famoso Viaducto del Tren de las Nubes.
Cuando llegamos escuchamos que gritan: “Tete !!!”, obviamente
pensamos que no podía ser. En ese lugar ???!!! Imposible !!!
Bajamos del auto y sentimos: “Herman!”; ya no quedaban
dudas, cuando queremos saber quien era, escuchamos ... soy Gustiii
!!!, no lo podíamos creer !!! En San Antonio de los Cobres
!!! (foto: 223,
224, 225, 226).
Subimos al puente con algo de esfuerzo a encontrarnos con él,
quien también, como nosotros, quería subir al Abra de
Acay. Asi que muy bien acompañados nos dirigimos hacía
allá, no sin antes pasar por una mina abandonada a la cual,
desde adentro nos dijeron que no se podía pasar, jajajaja.
Llegar al Abra de Acay era toda una aventura, algo que queríamos
hacer a toda costa, cueste lo que cueste; luego de consultar a varias
personas del pueblo y recibir negativas sobre si el estado del camino,
consultamos con Vialidad Nacional (quién mejor para consultar
sobre el estado del camino) ellos dieron el visto bueno, emprendimos
viaje.
El camino estaba buenísimo, a pesar de eso, debido a la altura
íbamos bien despacito, llegamos a transitar unos 70km. en primera
(marcha), ascendiendo siempre por un camino de cornisa donde se veía
el paisaje cada vez más lindo y más lejano. Entre cerros,
por quebradas, donde se veían todos los colores imaginarios.
Bellísimo !!! (foto: 228,
229, 230) De repente damos vuelta en el camino y nos encontramos
de frente con el nevado de Acay, que creíamos que casi podíamos
tocarlo (foto: 231).
Llegamos al abra,
Herman, con una emoción que casi desbordaba por sus ojos, por
momento sus palabras se ahogaban, estaba muy feliz de haber podido
llegar hasta ese lugar, según él, Frankie (el auto)
se merecía otro homenaje (recordemos que luego del viaje a
Perú se hizo el tatuaje de Frankie en el pecho del lado del
corazón) y victoriosos, sacamos fotos, fotos y más fotos
sin parar porque la vista era maravillosa (foto: 232,
233, 234, 235, 236, 237). Almorzamos, charlamos y nos despedimos
de Gusti y sus amigos, para bajar hacia La Poma. Ellos volvían
por el mismo camino que habían subido.
Al bajar todo era distinto. Valles calchaquíes. A mi me habían
enseñado en la escuela que son de todos colores, pero verlos
es otra cosa. Y es cierto que son verdes y amarillos, violetas, rojos,
anaranjados y todos los colores que no existirían en una montaña.
Y el camino, era algo accidentado pero transitable, en tramos había
que bajarse y guiar a Herman, para evitar pisar partes derrumbadas
del camino, otras quitar piedras del tamaño de pelotas de fútbol
o más, era demasiado angosto como para dos vehículos
o dar un giro (foto: 238,
239, 240, 241, 242).
Veíamos que faltaba poco para terminar con el camino de cornisa
y unos 50km. para llegar a La Poma, cuando nos dimos cuenta de que
la Toyota que pasó en el momento en que estábamos en
el Abra de Acay no estaba; más adelante nos encontramos con
el camino completamente derrumbado. Cuando llegamos a una curva que
tomaba la forma de la quebrada, estaba la camioneta detenida, preocupados
por el camino que ahora teníamos que desandar, decidimos emprender
el regreso aprovechando esta curva para poder dar vuelta.
Pero... el camino de ese lado era más empinado y con el auto
apunadísimo empezamos a trepar despacito, despacito, hasta
que se detuvo completamente y no quiso subir más. Y con la
buena fortuna que siempre nos acompañaba venía la camioneta
atrás en nuestra ayuda. Sus ocupantes: turistas alemanes con
muy buena onda, para nosotros, nuestros Angeles de la Guarda
de esta travesía !!!.
La camioneta se ubicó sobre el lado de la montaña, para
evitar un posible derrumbe debido a sus peso y pasamos hacia atrás
el auto por el borde del precipicio, aprovechando sus menos de 700kg
de peso, buscamos la eslinga y sujetamos el auto a la camioneta, Herman
en el auto, yo en la camioneta, fuimos subiendo, en cada curva el
auto parecía que volaba fuera del camino ... la camioneta pasaba
por encima de las piedras grandes ... el auto no las podía
esquivar ... arriba, nuevamente en el Abra de Acay nos soltamos, nos
saludamos y tratamos de acordar para parar en un pueblo a tomar algo
pero íbamos en direcciones diferentes. De todas formas nos
sacamos una foto y nos dieron su tarjeta de presentación (foto:
243).
Bajamos un poco desilusionados, decepcionados, por no poder terminar
el camino pero contentos por haber podido conocer tan encantadores
paisajes y de poder realizar esta loca proeza de subir al Abra de
Acay, uno de los cruces de camino más altos del mundo, 5982
metros sobre el nivel del mar.
Ahora teníamos un poco más de prisa porque el camino
era más largo y habíamos perdido algo de tiempo en la
marcha atrás del Abra de Acay. Queríamos llegar a Cafayate
para poder asistir a alguna peña y descansar, nos restaban
algo más de 400km. y alrededor de las 6 de la tarde, y como
no podía ser de otra manera, seguimos viendo paisajes fantásticos,
comenzamos a bajar hacía Campo Quijano entre quebradas, cactus,
cerros pintados ... y apareció, el famoso Quebradeño,
colectivo que llega hasta San Antonio de los Cobres, empezábamos
a ver otra faceta de la Argentina. La Selva. Hermosa !!!! Mucho verde,
muchos árboles, agua, mucha agua, con mucha agua, muchísima
agua, porque parece que para hacerle honor al paisaje empezó
a llover. Y entre la selva y los ríos muchos puentecitos del
tren que parecían de película.(foto: 244
hasta 257).
La idea inicial era volver desde Cafayate hacia Belén y de
ahí tomar el mismo camino por el cual habíamos venido
desde Córdoba, pero estábamos cansados y con ganas de
volver a casa. Asi que decidimos tomar RUTA 9N y viajar más
tranquilos. Por suerte, ya que el auto comenzó a fallar y se
apagaba solo hasta que se quedó sin batería y no quiso
arrancar más, resultó ser que al viajar desde que cayó
la noche encendimos los faros (Hella Rally 2000), además de
las luces altas, con lo cual gastábamos más corriente
de la que el alternador podía cargar a la batería. Lástima,
faltaban 100 km. para Cafayate, y tuvimos que dormir en una estación
de servicio en La Viña, para al otro día intentar arrancar
el auto y llevarlo a un electricista.
A la mañana siguiente y con la ayuda de una familia que viajaban
en un colectivo propio, logramos hacerlo arrancar y entre apagadas
repentinas, y empujadas, completamos la ruta hacía Cafayate,
no sin antes parar en la Garganta del Diablo, algo imperdible, una
especie de quebrada donde la erosión del agua creó en
la piedra colorada un paisaje único donde la perspectiva esta
totalmente distorsionada (foto: 259,
260, 261, 262).
Cuando llegamos a Cafayate lo primero que hicimos fue buscar un hotel,
bañarnos, (agua, agua, agua !!!. Herman, luego de 5 días
sin bañarse, decía que le había quedado un complejo
psicológico e iba al bidé lo abría y se quedaba
viendo saltar el agua), y descansar un poco. A disfrutar de las ricas
y jugosas empanadas salteñas y el penetrante vino tinto Cafayateño.
Al día siguiente llevamos el auto al electricista y una vez
que el problema estuvo solucionado nos terminamos de relajar y paseamos
un poco.
Fuimos a visitar dos bodegas (foto: 263),
donde nos contaron la historia, nos mostraron las máquinas
y las instalaciones y compramos un par de sabrosos vinos, lógicamente,
infaltables; más tarde fuimos al río.
Nuevamente a la noche fuimos a una peña, El Patio, y después
a dormir para salir al otro día bien tempranito con la ultima
ruta a recorrer hasta llegar a Córdoba, si o si debíamos
llegar ese mismo día ... no queríamos viajar más
!!!.
Amaicha del Valle, un clásico (foto: 264),
Tafí del Valle, hermoso con su embalse, digno de ser fotografiado
(foto: 265,
266, 267). La cuesta del indio en Tucumán, más selva,
caminos sinuosos y el río abajo, bien abajo, muy abajo. Cascadas
entre las piedras, mariposas (foto: 268,
269).
Más adelante nos esperaba Santiago del Estero, con su calor
que se sentía más que nunca y su extensa salina.
Ufff !!! Que calor !!! Que aburrimiento !!! Las ganas de llegar son
muchas. Queremos estar en casa. Soy de la idea de que es de una gran
importancia el volver. Viajar es hermoso siempre y cuando haya una
vuelta a casa, de donde somos, donde están nuestros seres queridos.
Eso también nos impulsa al próximo viaje.
El camino es recto y casi destrozado, a veces hay que andar por la
banquina porque el asfalto está intransitable. Mirando hacia
adelante espero ver las sierras, pero sabiendo que falta bastante
no me ilusiono. De repente aparecen lejos, chiquitas. Qué alegría!
El auto y nosotros necesitamos descansar (foto: 270,
271, 272, 273).
23.53hs. llegamos. Estamos en casa. Cansados, pero contentos por lo
que recibimos. Hay tanta gente nueva en nuestra vida y tantas cosas
recorridas, tantos caminos, más vivencias para recordar y para
contar.
Conclusión:
Después de viajar uno se queda pensando en las cosas que vivió
y todo lo que conoció. Haciendo un balance, este viaje fue
muy productivo a nivel emocional. Y no sólo es lo que vimos,
los lugares que conocimos, si no también la gente. Cada persona
puso su granito de arena para que nosotros pudiéramos lograrlo.
Queremos darles nuestras gracias a todos y mandarles un beso y un
abrazo muy grande de lo más profundo del corazón.
En este viaje teníamos tres destinos importantes: Antofagasta
de la Sierra, San Antonio de los Cobres
y el Abra de Acay. Al cual hoy podemos sumarle como
algo significativo y que nos dejó muchas enseñanzas
para nuestros días venideros, la Escuelita nº167,
"La Aguadita" del Salar del Hombre Muerto.
Entre paisajes fascinantes, sorprendentes y nunca antes vistos fuimos
encontrando otra realidad, dada por la gente, quienes nos hicieron
sentir que Argentina es más de lo que conocemos. Que hay otras
formas de vida que transcurren de otro modo, en otros lugares mas
apartados y perdidos. Y fue esto lo que nos sedujo, lo que hizo que
este viaje no fuera uno mas entre tantos. Sin querer exagerar, creemos
que este fue el mejor que hemos hecho hasta ahora.
Pascuala, por sus comidas y su atención excelente,
por momentos nos sentíamos sus hijos. Cirila
y Carlos, porque nos atendieron
muy bien y nos hicieron sentir como en nuestra casa. Mariela,
por su amistad y su buena onda. Mario, Chaile
y René, por sus charlas y por hacernos conocer
un poquito más de Antofagasta de la Sierra. El Equipo
de Futbol del Club San José y toda la gente
de Antofagasta de la Sierra que nos hicieron sentir por 6
días dos habitantes más de la Villa.
Juan Carlos, Armando, Juanita
y su beba, Daniela, Benita,
Romina, Elvio, Mayco,
Cristian, Belén, de la Escuelita
nº167, "La Aguadita" del Salar del Hombre Muerto,
que nos hicieron sentir más que como en casa, aunque estábamos
en una de las inmensidades más solitarias de nuestra Argentina
desconocida, nos atendieron bárbaro.
Santiago (BUE), Leandro (BUE), Matías
(BUE), Ariel (CATAMARCA), Christian
(CATAMARCA), Pulu y Sra. (CATAMARCA), Silvia
y toda la Mutual Fray Mamerto Esquiú (CATAMARCA),
gracias por los momentos inolvidables que compartimos y que solo este
tipo de experiencias nos permite vivirlas.
Gracias a todos, de corazón y verdad.
Diario
de Viaje: TT (Celeste)
Comentarios: Herman